El último emperador (The Last Emperor) es una película de 1987, del género biográfico, dirigida por Bernardo Bertolucci y con actuación de John Lone, Joan Chen, Peter O’Toole, Ruocheng Ying, Victor Wong, Dennis Dun, Ryuichi Sakamoto, Maggie Han, Ric Young, Vivian Wu y Chen Kaige en los papeles principales. Es una coproducción de China, Italia, Reino Unido y Francia, y ganadora de nueve premios Óscar y 39 más, y le correspondieron 12 candidaturas a otros.
Basada en el libro Yo fui emperador de China, autobiografía de Aisin-Gioro Pu Yi o Puyi, El último emperador fue la primera película que obtuvo el permiso de las autoridades chinas para ser rodada en el interior de la Ciudad Prohibida.
Reparto
- John Lone: Pu Yi.
- Peter O’Toole: Reginald Johnston.
- Joan Chen: Wan Jung.
- Ruocheng Ying: el gobernador.
- Victor Wong: Chen Pao Shen.
- Dennis Dun: Li.
- Ryuichi Sakamoto: Amakaso.
- Cary-Hiroyuki Tagawa: Chang.

Música – Ryuichi Sakamoto, David Byrne, Cong Su
Fotografía – Vittorio Storaro
Género – Drama | Histórico. Biográfico. Cine épico
Argumento
Es la historia de Puyi, el último emperador de China, que subió al trono a los dos años en 1908 y fue adorado por 500 millones de personas como divinidad. Gobernó en la Ciudad Prohibida hasta que las fuerzas republicanas, que querían abolir la corte imperial, lo encerraron allí, y allí se casó dos veces. Más tarde, tuvo que abdicar e irse.
En su afán de, por lo menos, gobernar Manchuria después de que China le tornase la espalda, Puyi se convirtió durante un tiempo en un títere de las fuerzas de ocupación japonesas en Manchuria hasta que Japón tuvo que rendirse ante los aliados. Después de la capitulación japonesa, Puyi decidió rendirse ante los estadounidenses, pero su intento fracasó y fue hecho prisionero de los soviéticos, que lo entregaron a los comunistas chinos.
Cuando la revolución comunista triunfa en China, Puyi es encarcelado para “limpiar” su mente de todo pensamiento capitalista y por haber colaborado con los japoneses. Durante su estancia allí, el jefe de la prisión le enseña a hacer las cosas con las manos, a darse cuenta de las atrocidades que hicieron los japoneses en China mientras que era emperador de Manchuria y a asumir la responsabilidad de sus acciones al respecto. Después de su encarcelamiento, vuelve a Pekín y, en los últimos años de su vida, es jardinero en el parque botánico de la ciudad. Lleva entonces una vida como la de un hombre cualquiera de su país, y es testigo del culto a Mao y de la Revolución Cultural.
Murió en 1967.
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